Formas responsables de mantener árboles saludables y espacios más seguros
Siempre me ha gustado tener árboles alrededor de casa, pero nunca imaginé cuánto trabajo implicaba mantenerlos en buen estado hasta que un roble enorme empezó a invadir el tejado del vecino. Ahí fue cuando me di cuenta de que recortar ramas no es solo cuestión de estética, sino de salud para la planta y seguridad para todos. En mi zona, la poda de arbolado en Ponteareas es algo que se ve cada vez más, sobre todo porque los árboles mal cuidados pueden volverse un peligro en días de viento o lluvia fuerte. Así que me puse manos a la obra, tijeras en mano, dispuesto a aprender cómo hacerlo bien sin convertir mi jardín en un desastre.
Lo primero que entendí es que podar no es solo cortar por cortar; hay que saber dónde meter la tijera para no hacerle daño al árbol. Si te pasas cortando o lo haces en el momento equivocado, puedes debilitarlo y dejarlo vulnerable a plagas o enfermedades, algo que me explicó un amigo que sabe del tema mientras tomábamos un café. Por ejemplo, quitar ramas secas o que se cruzan entre sí ayuda a que el aire circule mejor y la luz llegue a todas partes, dándole un respiro a la planta. Yo empecé con las ramas más bajas, las que rozaban la cerca, y aunque al principio me temblaba el pulso, poco a poco le fui cogiendo el truco, siempre asegurándome de no dejar cortes feos que tarden en cicatrizar.
Claro que no todo es tan sencillo cuando los árboles son altos como torres. Ahí fue cuando me planteé seriamente llamar a profesionales, porque trepar con una escalera tambaleante no me parecía la mejor idea después de ver un vídeo de alguien cayéndose por YouTube. Los equipos especializados tienen esas plataformas elevadoras que parecen sacadas de una película, y la verdad es que verlo desde abajo mientras cortan ramas enormes sin sudar es casi hipnótico. Además, saben exactamente cómo manejar las copas para que el árbol no pierda su forma natural, algo que yo jamás lograría con mi escalera vieja y mi sierra de aficionado. En mi caso, opté por pedir ayuda para las partes altas y me quedé con las tareas más terrenales, porque así me siento útil sin arriesgar el cuello.
Otra cosa que me sorprendió fue lo importante que es el momento de la poda. Hacerlo en primavera o verano, cuando el árbol está en pleno crecimiento, puede ser un error si no sabes lo que haces, porque está lleno de savia y puede “sangrar” más de la cuenta. En cambio, el invierno, cuando está más dormido, suele ser el mejor momento para cortes grandes, según me contaron los chicos que vinieron a casa. Eso sí, me advirtieron que no hay que pasarse quitando ramas, porque el árbol necesita suficiente follaje para seguir creciendo fuerte. Yo ahora miro mi jardín con otros ojos, pensando en cómo cada corte afecta a largo plazo, y hasta me siento un poco jardinero experto, aunque sea de pacotilla.
Pensar en la seguridad también me ha cambiado la perspectiva. Antes no le daba importancia a una rama colgando sobre el camino, pero ahora veo que podría caerse en cualquier momento y darle un susto a alguien. Los profesionales que contraté me contaron historias de árboles que, por no podarse a tiempo, terminaron derribando cables o rompiendo tejados. Desde entonces, cada vez que paso por debajo de un árbol grande, miro hacia arriba por si acaso. Combinar mi esfuerzo con la ayuda de expertos me ha dado la tranquilidad de saber que mi jardín no solo está más bonito, sino también más seguro para todos.
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