Garantiza que tu motor mantenga siempre la temperatura ideal

A veces me detengo a escuchar el coche antes de abrir el capó. No es sólo el ruido del motor lo que me interesa, sino su respiración. Sí, los motores respiran, se agitan, se quejan. Y cuando lo hacen en exceso, cuando parece que algo dentro de ellos hierve más de lo que debería, el origen suele estar en lo que menos se ve: el sistema de refrigeración. En mi experiencia, no hay nada tan silenciosamente importante como los radiadores en Cangas, sobre todo cuando el calor aprieta o cuando se enfrentan cuestas exigentes como las que tenemos por aquí.

He visto motores que, por no contar con una revisión a tiempo, terminaron transformando un simple trayecto al trabajo en una odisea al taller. Y todo por no haber prestado atención a un detalle que parecía menor. El radiador es más que un componente técnico; es un vigilante constante de la temperatura, una especie de guardián que mantiene el equilibrio vital entre potencia y resistencia.

Conozco bien la rutina de quienes cruzan la comarca del Morrazo cada día. El tráfico denso, las subidas que no perdonan, el clima que varía sin aviso. Y es ahí donde el sistema de refrigeración demuestra su valía. No hay margen para errores cuando el motor trabaja a pleno rendimiento. La aguja del marcador no puede bailar demasiado. Debe mantenerse firme. Y si empieza a subir más de la cuenta, esa es la voz del coche pidiendo ayuda.

El problema es que muchas veces esas señales se minimizan. Un poco de vapor, un leve olor extraño, una pérdida imperceptible de rendimiento. Nada que preocupe, dicen algunos. Hasta que un día, la avería se manifiesta sin pudor. Lo que podría haberse solucionado con una revisión sencilla, se convierte en una factura elevada y, peor aún, en una parada obligatoria. El motor, agotado, se rinde ante un calor que no pudo gestionar.

Por eso insisto. Revisar el radiador, comprobar que no hay obstrucciones, asegurar que el líquido refrigerante fluye con libertad… no es un acto técnico, es un acto de cuidado. Porque cuando ese sistema funciona bien, el coche no solo responde mejor; respira tranquilo. Y con él, tú también.