Cómo afectan los tatuajes a la salud dermatológica

España es el sexto país del mundo con mayor cantidad de tatuajes. Se estima que cuatro de cada diez ciudadanos posee al menos un tatuaje, muy por encima de la media europea (uno o dos de cada diez). Para los dermatólogos, esta realidad es alarmante debido a la correlación existente entre el «arte» bajo la piel y ciertas patologías y problemas que afectan al órgano más grande del cuerpo humano.

En primer lugar, las reacciones alérgicas a la tinta empleada en tatuajes están a la orden del día. Hablamos de sarpullidos y otros efectos secundarios, más frecuentes cuando se emplea tinta roja (acrílica, en particular) que cualquier otra.

Del punto anterior se deduce que la calidad de la tinta y los materiales empleados marca la diferencia. En tiendas de tatuaje y body art, suelen utilizarse pigmentos como el dióxido de titanio para obtener líneas y rellenos en color blanco, que están asociados con inflamaciones de la piel. Con diferencia, la tinta negra es la más popular y se compone de carbón vegetal y otras sustancias vinculadas al cáncer.

La limpieza y desinfección de las agujas y otros elementos necesarios para tatuar es primordial. Las negligencias al respecto provocan que los clientes se contagien de enfermedades que transmiten a través de la sangre, como la hepatitis B.

Se ha demostrado, además, que los pigmentos metálicos de ciertas tintas reaccionan de forma inesperada en caso de realizarse una resonancia magnética. No obstante, las investigaciones al respecto son escasas y solo advierten de la posibilidad de aparecer molestias y escozor en el área tatuada durante esta prueba diagnóstica.

Citando el conocido refrán, el remedio puede ser peor que la enfermedad: quitarse el tatuaje genera en ocasiones una cicatriz hipertrófica, un riesgo que aumenta cuando la persona responsable de su eliminación carece de pericia o experiencia en esta operación, ya sea mediante cirugía láser, dermoabrasión, etcétera.